Por fin en casa después de como 3 días de no pararme por aquí; no sólo porque me fuí sin llaves sino porque el fin de semana estuvo INTENSO. Ahora en camita, en leotardo y suéter 60tero nada más (muy á la Edie Sedwgick) me pongo a reflexionar:
Éste fue un fin de semana de maletas.
El bombón canadiense que vino de visita esta semana, se regresó a sus tierras el sábado llevándose con él sus maletas. O más bien su maleta (singular) que admirablemente pesaba como 3 kilos (1.5 menos que la bolsa que cargo diario) y contenía 4 camisetas y un sólo par de pantalones. No pregunté sobre la ropa interior.
Ana se regresó a Guadalajara ayer. Nada más triste que empacar una maleta cuando lo único que quieres hacer es dejar tus cosas tiradas en el lugar donde viven.
Y el domingo terminó la primera temporada de La Venganza de Don Mendo. Con un poco de suerte habrá más funciones, pero siempre hay un dejo de nostalgia cuando termino temporada y me da el post-show depression. Sólo que ésta vez no hubo tiempo, porque la misma maleta que me llevaba las tenazas del pelo, el maquillaje barato, los zapatos y las pestañas postizas al teatro; hoy lunes a primera hora tuvo que ser vaciada sin pompa ni circustancia alguna para acompañarme a dos audiciones, el banco y la ANDA. Últimamente he pensado que uno se va haciendo más profesional conforme va restando ceremonias a lo que hace. Pero siempre pueden caer los blues mañana.
Ah, y ni hablemos de la maleta que me traje de Guadalajara y que tres semanas después no he desempacado. ¿Qué dirá eso sobre mí?
Ya quiero ir a correr mañana.
S
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